Lunes 12 octubre 2009
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ROBY NELSON
Lo conocí una noche estando yo borracho
de copas de champaña y sorbos de
heroína;
era
un pobre pilluelo, era un lindo muchacho
del hampa libertina.
Ardía Buenos Aires en danza de faroles;
sobre el espejo móvil del Río de la
Plata
fosforecían las barcas como pequeños soles
o pupilas de ágata.
En el asfalto móvil de la amplia costanera
el arrabal volcaba sus luces de
colores:
poetas, pederastas, muchachas milongueras,
apaches, morfinómanos, artistas y pintores.
Los pecados ladraban como perros sin dueño
entre la bulliciosa cosmópolis del
bar;
los
marinos iban en góndolas de ensueño
sobre las aguas líricas del mar.
En un ángulo turbio miro desde mi mesa
a un pálido chiquillo que sonríe y me
mira
y a
través de las gotas rubias de la cerveza
mi lujuria conspira.
Tiene catorce años y en sus hondas pupilas
cercadas por paréntesis lívidos de
violeta,
ojeras prematuras del vicio, ojeras lilas
de onanista o asceta.
¿Quién eres tú? –le dije,
rozando sus cabellos ondulantes de eslavo.
¡Yo! soy un niño
triste…
Roby
Nelson me llamo.
Roby Nelson… lindo nombre de golosina,
nombre que suena a dulces tonadas de
ocarina,
nombre que tiene dóciles inflexiones de amor
y una delicadeza enfermiza de flor.
Y pienso: Este muchacho
es un retoño de hombre que errará por el mundo,
en sus pupilas grises hay un dolor
profundo,
es
hijo de inmigrantes venidos de lejanos países
y en su cuerpo errabundo
se ha cruzado la sangre de dos razas tristes.
Se llama Roby Nelson, flor del barrio,
que va de muelle en muelle, de vapor en
vapor,
este
chico vicioso de cabellos de eslavo
vende cocaína y amor.
Es hijo de la noche y huésped del suburbio,
hoja de Buenos Aires que el viento
arrebató,
desperdicio del vicio, pobre pétalo turbio
que un arroyo se llevó.
Tal vez en un hospicio su cuna se meció
y es hijo de prostituta y de
ladrón.
¿Quieres estar conmigo esta noche, pilluelo?
Y sus ojos piratas me dijeron que sí.
Mi sangre trepidaba entre llamas de anhelo
y naufragué en un tibio
frenesí.
Besé
entonces los lirios ignotos de sus manos,
la fresa de su boca congelada de frío;
nos fuimos vagabundos por los diques lejanos
y en esa noche griega fue sabiamente
mío.
¿Qué quiere usted que hagamos?
Me dice con la gracia de una odalisca
rusa;
y se
quita la blusa, se desnuda
y me ofrece su cuerpo como si fuese un ramo.
Desnudo entre los rojos cojines y las sedas
sobre la cama asiática me brinda sus
primicias;
sus
manos galopaban en pos de mis monedas,
las mías galopaban en pos de sus caricias.
Y besando su cuerpo de palidez divina
que tenía la eucarística anemia de las
rosas
le dije
tembloroso en un dulce clamor:
Te pido solamente que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.
¡Roby Nelson! ¿Dónde estarás ahora?,
¿Nueva York, Río de Janeiro, Filipinas,
Balsora,
Panamá, Liverpool?
¿Dónde estás, Roby Nelson de cabellos de eslavo,
con tus hondas ojeras, tu chaqueta de esclavo
y tu raída gorra
azul?
¿Por qué turbios caminos empañados de ausencia
van tus zapatos viejos robados a
Chaplín?
Quizá
la droga trágica que embriaga de demencia
como una diosa pálida amortajó tu esplín.
Muchachito bohemio, príncipe de tus vicios,
exquisito y perverso, frágil como una
flor.
En mis noches paganas de crisis voluptuosas,
en los hondos naufragios de mi fe y mi
dolor,
te pido
como antes que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.
.
(Bernardo Arias Trujillo, 1932)
Por Poesia Insolita
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Publicado en: Poesia
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